"Necesitamos canciones que despierten conciencias"
Por Efraín Castillo
Foto: Natalía Brand y Rodolfo Beer

"La ignorancia está rasgando la inocencia
de lo humano. Papeles plastificados que se
quedan para siempre en el alma de un paisaje
que no merece la muerte" Hasta Cuándo. 1993

Quince años han pasado desde que María Rivas incluyó esta canción en su segundo disco. Sus versos dejan claro que para esta intérprete la música y la letra no sólo deben servir como desahogo de amor, sino como instrumento de lucha y factor de cambio. "Yo tengo sembrado el ambientalismo porque siento que tengo un lugar en este universo gracias a Dios. Para mí, esa comunión de felicidad del ser humano está dada por el respeto a su entorno, a ese entorno que es obra de Dios. Y a través de la música, que es el don que yo puedo compartir con mis semejantes, tengo que hacer algo".

Y es que entre jazz y melodías de Aldemaro Romero, Rivas deja colar sus reflexiones ecológicas, para aplicar lo que alguna vez dijo Alí Primera en Coquivacoa, una de las primeras canciones dedicadas al tema ambiental en Venezuela: "La inocencia no mata al pueblo, pero tampoco lo salva. Lo salvará su conciencia y en eso me apuesto el alma".

¿Cuál es para ti el problema ambiental más grave de Venezuela?
"Creo que el más grave es el de la basura. El ciudadano y las autoridades no tienen interés por minimizar este asunto, y allí hay un grave problema de educación. La basura nos está ahogando y nos puede matar. Yo vengo de hacer conciertos en La Guaira y estoy impactada con el desamor que se ha apoderado de esa región. Es irónico leer carteles que dicen: 'Varguenses: amemos más a La Guaira', cuando al lado hay una montaña de desperdicios".

Escribiste Hasta Cuándo en 1993. ¿Sigue vigente?
"Más que nunca. Lo que dicen esos versos está evidenciado al cubo. Decimos que amamos Venezuela pero no es así. No tenemos ética ambiental, no hemos aprendido a valorar los recursos naturales. Somos soberbios e irresponsables con el entorno".

¿Hace falta más conciencia entre los cantantes venezolanos sobre el tema ambiental?
"Definitivamente. En el país no existe ningún cantante que esté haciendo esfuerzos masivos por concientizar a la gente. Estamos viviendo una danza de antivalores que nos está revolviendo los cimientos. Muchos artistas están inmersos en un mundo tan individualista que han perdido incluso la compasión. Así es imposible tener interés por el planeta y por sus recursos".


¿Crees que una canción puede hacer algo por la lucha ecologista?
"La música y la poesía son un excelente instrumento para guiar a las personas hacia el descubrimiento de la ética ambientalista. Pero no se trata solamente de no botar basura, sino de no matar a los animales por gusto, de cumplir la ley, de dejar pasar a una señora en la calle. Es más profundo. A mí me encantaría que siguiera sonando Hasta Cuándo en las emisoras y que sonaran muchas más, pero hace falta apoyo para que el mensaje llegue a más gente. Yo soy un artista artesanal, cuyo soporte discográfico no ha sido expansivo".

¿Qué papel deben jugar las instituciones del Estado?
"Las autoridades deben aprovechar el feeling que generamos los artistas para concientizar a la gente sobre este tema. Cuando Aristóbulo Istúriz era alcalde, hicimos numerosas convocatorias y logramos que las parroquias de Caracas compitieran en reciclaje y recolección de desechos. A mí me da pena que Istúriz se haya olvidado como político del tema ecológico y que el gobierno no promueva programas de reciclaje, como en otras partes del mundo".

Festivales como Live Earth convocan a artistas de calibre mundial en pro del planeta. ¿Harías algo similar aquí?
"Creo que hay que darle un objetivo a la canción más allá de vender discos. Tenemos que despertar a la gente. Deberíamos formar una coalición de artistas por el medio ambiente, porque a través del arte y la cultura se puede llegar al centro del entendimiento de las personas. O como dicen los japoneses: al Koan".

¿Qué llamado haces a los venezolanos?
"Es un problema de autoestima, de valorarnos a nosotros mismos y a los seres que nos rodean. Formamos parte de un universo que requiere equilibrio y respeto. Yo viví varios meses en Japón y pude ver en su gente algo clave que nos haría mucho bien: amor colectivo".

Fuente: Revista Estampas - Venezuela