La cantante celebró, por más de tres horas, sus 25 años de carrera musical
Tres horas con María Rivas
Jazz, salsa, cumbia, pop, blues, baladas, rock y hasta hip hop fueron algunos de los estilos que repasó la versátil cantautora. El Manduco no faltó en su largo repertorio
Por: JOSÉ ANTONIO AZOPARDO
Jazzista, sonera, baladista, bolerista, declamadora, rockera, consorte del pop y hasta rapera. Todo eso ha sido María Rivas durante su historia musical y así se desdobló el pasado jueves en la sala de conciertos de Corp Banca, cuando celebró sus primeros 25 años de carrera e interpretó durante tres horas una comprensiva selección de sus siete discos.
"Este recorrido será de adelante para atrás", anunció la cantante caraqueña apenas llegó a escena. Así abordó los temas de Pepeada Queen, su próximo álbum de estudio, en el que predominan versiones de varios clásicos de la canción universal, todas con sabor a jazz. Se trata de un proyecto muy al estilo de los populares discos Bossa N' Stones, Bossa N' Roses y Bossa N' Marley.
With or without you, de la banda irlandesa U2 y un par de tangos compuestos por el bonaerense Astor Piazzola fueron los primeros interpretados. Una pareja de sensuales bailarines de la escuela Rompe y Raja la acompañó al son de los cuatro tiempos de Piazzola.
El himno Come together (Unámonos) de los ingleses The Beatles fue el primer momento que aprovechó Rivas para tratar temas sociales, un discurso que ha sido recurrente durante su carrera. También señaló el materialismo y la frivolidad con un éxito de Nirvana: Smells like teen spirit.
Durante las más de tres horas de show, el acompañamiento estuvo a cargo del avezado trío Liberjazz: Miguel Chacón en el bajo y la dirección, Eliazar Yánez en la batería y la percusión y Laurent Lecuyer al piano.
María no celebró solita. Como invitados especiales estuvieron el maestro pianista Gerry Weil y el guitarrista Rubén Rebolledo, quien le ha acompañado desde sus primeros shows en el local Gala en 1983 .
"En una ocasión sólo un señor escuchaba mi show en ese bar. Así que un músico me pidió que interpretara Mistic. Yo no me sabía la letra pero me atreví a cantar y al final aquel comensal se me acercó y me dijo: 'Yo ser norteamericano. No entendí nada de su canción, pero canta muy bien en inglés", contó Rivas, y así usó varias anécdotas para presentar algunos hits.
De Primogénito, su primera placa, editada en 1990, cantó El motorizado, que contagió a las radioemisoras en su momento y que, según ella, le sirvió hasta para evadir un robo a mano armada. De aquella placa abordó también La inseguridad, una melódica crítica social.
María Rivas se reservó también unos minutos para recordar al genio de la Onda Nueva y su mentor: Aldemaro Romero. Los ojos de la fémina se inundaron al interpretar una trilogía de las canciones que grabó junto a él, entre ellas Poco a poco y Qué te pedí.
Las preocupaciones ecológicas no escaparon de la selección, así como tampoco han faltado en su historia personal. No en vano su primer premio, el William H. Phelps, no fue como cantante, sino por su labor a favor del medio ambiente. La primera pieza de su autoría, Hasta cuándo yo no aguanto, también se enfocó en estos asuntos.
Casi al final llegó la hora de un pequeño blues, minutos que la artista aprovechó para hacer su único cambio de vestuario. Así apareció en su conocidísimo traje de gato estampado en blanco sobre negro. "Yo misma lo hice", confesó, para luego montar junto a Weil el célebre jazz My funny Valentine.
Más anécdotas aparecieron en la velada, todas ligadas a varias melodías. "Con Café negrito canto y me alejo de las depresiones", reveló. Y al ritmo de tambores -"con el negro que llevo por dentro", acotó- terminó con la gema infaltable de la noche: El manduco.
Fuente: El Universal - Venezuela